¿Quién dijo que el rock solo se toca con guitarra, bajo y batería? En pleno siglo XXI, el pibe de Ramos Mejía volvió a demostrar que la rebeldía y la autogestión también se programan desde una computadora. Bizarrap metió un batacazo de esos que te dejan de cama: lanzó sin aviso previo la esperada Session #60 y el mapa de la música global acaba de sufrir un sismo de aquellos.
La fórmula del éxito: del cuarto de Ramos al mundo
No es novedad que Gonzalo Conde (el Biza para los amigos) tiene la llave del algoritmo, pero esta vez se pasó de rosca. La Session 60 cayó de sorpresa, casi como esos casetes piratas que nos pasábamos de mano en mano en los 90, pero con la potencia inmediata de millones de reproducciones en apenas minutos. Y ojo al dato, porque la colaboración es con una estrella internacional que nadie vio venir en el ya mítico estudio de paredes celestes. ¿Es esto el nuevo rock and roll? Y, mirá, la actitud de patear el tablero y romper las reglas la tiene toda.
Letras con veneno y la lupa de los fanáticos
Como no podía ser de otra manera, la red explotó de inmediato. Ya no se trata solo de mover la cabeza con un beat demoledor; acá hay bardo, hay historia y hay indirectas que los fanáticos ya están analizando bajo el microscopio, casi como hacíamos antes con las metáforas del Indio Solari. Cada frase es un dardo directo. El pogo hoy se hace digital, pero la manija y la pasión son exactamente las mismas.
En Rock & Arte ya le estamos dando play en loop. Podrán decir lo que quieran de los sintetizadores y las computadoras, pero la mística de este pibe tiene el mismo ADN de los que salían a romper el molde hace cuarenta años en el under porteño. A subir el volumen y que ruede el ruido.
